viernes, 1 de julio de 2016

                                                   
                                            PREDICA DEL ESPÍRITU SANTO
Cuando llegamos a las iglesias y sentimos hablar del Espíritu Santo, nos quedamos mirando el techo, tratando de adivinar de que se trata, el Espíritu Santo ha sido solo un nombre a lo largo del tiempo. Sin embargo, el Espíritu Santo es mucho más que eso, el Espíritu Santo es Dios operando en la tierra.
Para poder hablar del Espíritu Santo, primero tenemos que identificarlo. Él es el poder de Pentecostés. Él fue quien comenzó la iglesia cristiana en el año 29 DC durante el festival judío del Día de Pentecostés, que se celebró 50 días después de la crucifixión de Cristo.
La palabra de Dios dice: en Hechos 2: 1-4
“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos..”
“Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados;”
“y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.”
“Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.”
Esa mañana, el Espíritu de Dios llegó al mundo con un estallido; no como una dulce brisa, sino como un huracán. Él anunció su llegada con el milagro que ocurrió cuando 120 discípulos hablaron en otras lenguas.
“Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan?”
“¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?”
“Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto?”
Hechos 2: 7-8 y 12
El Espíritu Santo no vino solamente para manifestar cosas maravillosas, ni para ofrecer una experiencia única que las personas pudiesen recordar cuando envejecieran. En aquel día, los discípulos fueron envestidos de poder. Ellos dejaron a un lado la timidez y desafiaron al mundo.
En Gálatas 5:25:
Pablo habló como si la experiencia del Espíritu Santo fuera una parte normal del diario vivir: "si vivimos por el Espíritu…".
El Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad obrando aquí en la tierra. Todo lo que Dios hace aquí, fuera del cielo, lo hace por medio del Espíritu. Todas las experiencias de los creyentes, el perdón, la contestación a nuestras oraciones, la seguridad, el gozo, la sanidad y las señales son obra de Dios por medio del Espíritu Santo. Hoy día, Dios está obrando a nuestro alrededor a través del Espíritu Santo.
El Nuevo Testamento nos muestra quién es el Espíritu. El libro de los Hechos de los Apóstoles, en su totalidad, ha sido llamado: "Los Hechos del Espíritu Santo".
Una de las verdades bíblica más importante es que Dios se da a conocer a sí mismo por medio de hechos y no por palabras. El Espíritu Santo es acción. Él es el viento celestial que siempre se está moviendo. Si conocemos al Espíritu, conocemos a Dios. Todos podemos conocer al Espíritu del mismo modo en que conocemos a Jesús.
Los discípulos habían sido enviados por Jesús para realizar una labor que parecía imposible: llevar el Evangelio al mundo y luz a la oscuridad. Sin embargo, a pesar de que ellos eran sólo pescadores y campesinos, el Espíritu Santo los convirtió en gigantes espirituales que aún son reconocidos unos 2000 años más tarde. El Espíritu Santo, es el Dios de Pentecostés. Él es Espíritu de acción, poder, amor, fortaleza y milagros.
El Espíritu Santo no vino al mundo para establecer una atmósfera acogedora en las iglesias. Nosotros no podemos seducir al Espíritu tratando de crear una atmósfera correcta, independientemente de si es una atmósfera callada y tranquila o exuberante. El Espíritu de Dios viene cuando lo buscamos de corazón, con todas nuestras fuerzas, nuestra alma y nuestro corazón,
Pero primeramente debemos dejar el pecado, porque la luz y las tinieblas no conviven, el pecado es tiniebla y el Espíritu Santo es luz.
Los apóstoles oraron unánimemente para recibir al Espíritu. Y él llegó e invadió aquel aposento alto. Cualquier tipo de atmósfera que ellos hubiesen creado, desapareció al ser invadida por el "viento recio" (Hechos 2:2).
El Espíritu es la atmósfera del cielo, y el cielo desciende junto con él. Él es el viento del cielo soplando en medio de nuestras tradiciones y nuestra pasividad. Puede que cantemos "Espíritu Santo bienvenido a este lugar", pero él no viene en respuesta a nuestras alabanzas. Él no es un visitante ni un extraño que sólo ha sido invitado por una o dos horas. Él es el Señor de los cielos, es el propio Dios y es él quien nos invita a entrar en su presencia. Donde hay fe y se predica la Palabra.
………………………...........…...............…..J.Vieyra…………………..........................................................

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