martes, 16 de agosto de 2016

     
                                                       Para que me sirve


“… ¿Para qué me sirve, dice Dios, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos…”
“… ¿Quién demanda esto de vuestras manos, cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios?...”
“…No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación; luna nueva y día de reposo, el convocar asambleas, no lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras fiestas solemnes…”
“…Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes las tiene aborrecidas mi alma; me son gravosas; cansado estoy de soportarlas…”
“…Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos…”
“…Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo;…”
“…Aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda…”
“…Venid luego, dice el Señor, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana….”
“…Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra…”
“…Si no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis consumidos a espada; porque la boca de Dios lo ha dicho…”
…………………………………………..…..Isaías 1: 11-22
Aquí Isaías inspirado por el Espíritu reprende al pueblo de Israel, ellos buscaban el favor de Dios, pero como mucho de nosotros decíamos, a nuestra manera y no a la manera de Dios.
Aquí nuestro padre celestial le dice a través de Isaías, algo que en muchas oportunidades, se los hemos predicado, que de nada vale, los sacrificios y los holocausto si nuestra vida no está entregada a Dios.
El primer sacrificio que nos pide el Señor Jesús es una vida en santidad, respetando fielmente su palabra, sus mandamientos y poniéndolos por obra.
Podemos ofrendar, diezmar, hacer votos, poner nuestra casa, nuestro auto, nuestros ahorros en el altar, pero si no colocamos primero nuestra vida total y completa en el Altar a los pies de Jesús, de nada sirve.
La palabra dice “…Todo lo que les pidieras al padre en mi nombre yo lo hare…”, las bendiciones son por Fe, no se compran; no podemos pensar que colocamos una ofrenda en el altar y con eso basta para ser Bendecido.
Al que creyere todo le será posible, ¿y quien es el que cree?
 El que guarda sus estatutos y mandamientos, el que ama al prójimo, el que no miente, el que no engaña, el que no roba, el que no se prostituye, el que no levanta falso testimonio, el que honra a su padre y a su madre, el que tiene un corazón igual al de Jesús.
No podemos querer permanecer en la degradación y pretender que el Señor incline sus oídos a nuestras peticiones, porque es imposible, el nada puede hacer, solo encoger su mano.
Pero, si nosotros nos arrepentimos de corazón y de verdad, él es Misericordioso y nos da el perdón y si nuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana….”
Como dice el profeta: “…Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra…”
“…Si no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis consumidos…”


                                             

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